martes, 27 de enero de 2009

el triciclo

estaba aún en el país leonés. ya dentro de la ciudad de León, tenía que caminar bordeando un río hasta llegar al albergue. 

esta ciudad, parecía un poco diferente al resto de los pueblos y sus accesos a la calle mayor. encontrar el albergue parecía un poco más difícil y solo tenía de referencia la plaza de toros.

al llegar al albergue todo parecía volver a la normalidad: - tu nombre y numero de pasaporte. ah y tu credencial de peregrino. - me dijo.

entré a la habitación después de cumplir con el trámite y pagar mi cuota de peregrino y... todo volvió a parecer normal. como venía siendo desde varios días atrás: encantador.

entre una de las personas con las que llegué al albergue, estaba John, un canadiense que apenas estaba decidiendo si entrar o no al camino, pero como para hospedarse necesitaba su credencial de peregrino,  me pidió que lo acompañara y yo accedí. entonces fuimos al otro albergue de la ciudad, donde daban las credenciales.

al llegar ahí, entramos, se registró y conocimos el convento. en el patio, había unas mesitas y sillas donde había muchos peregrinos leyendo y escribiendo. entre ellos, había uno que llamó mi atención particular. estaba leyendo y al lado de él había una bicicleta peculiar. más bien era como un triciclo, casi en el piso. tenía un asiento especialmente cómodo, pero con los pedales un poco elevados respecto a dicho asiento y sin la pequeña plataforma sobre la que se colocan los pies. 

mi amigo John, comenzó a tomarle fotos al artefacto así que el dueño, de quien desconozco su nombre pero sé que es español, me pidió que le preguntara si quería moverlo para que saliera mejor la foto, ya que dicho artefacto se encontraba al lado de otras bicicletas, algunos bastones y muchos otros accesorios del peregrino. 

John respondió que no, pues ya le había tomado varias fotos con su cámara rosa.

me despedí de él y le dije lo de siempre y de todo corazón: buen camino!!! y así regresé a mi albergue y pasé la noche feliz, como ya se me estaba haciendo costumbre. 

me levanté a las 6:30 de nuevo, me vestí, recogí mis cosas y comencé a caminar...

saliendo de León, para llegar a La Virgen del Camino, se camina al lado de muchas calles de subida. en una de esas sucedió la maravillosa escena: escuché un grito: 
- Hey! 

giré la cabeza y ahí estaba él. moviendo las manos vigorosamente, tanto para saludarme como para hacer girar las ruedas de su triciclo. me fijé entonces que entre su equipaje se encontraban un par de muletas que iban justo atrás del asiento y apenas adelante de una banderita que se agitaba tan vigorosamente como sus manos.
- Buen Camino Peregrino!!!!- me gritó y entendí todo.

entonces, se me conmovió tanto el alma que inmediatamente se me hizo un nudo en la garganta y comenzaron a escurrir lágrimas en mis mejillas. 

y a él, no lo olvidé por el resto de los días que he vivido.

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